Insomnio
En este primer capítulo de INSOMNIO, abro el pecho para contarles cómo es pasar del altar al divorcio en seis meses, a miles de kilómetros de Argentina. Entre mates de madrugada, el recuerdo de mi viejo guiando el partido desde arriba y un grupo de amigas que me ayuda a remarla en este dulce de leche, arranco a escribir este proceso. No se los recomiendo, es un viaje estresante, pero acá estamos: tratando de recuperar la pelota.
Stella Silvestre
7/17/20262 min read
Leiden, 17-07-26
Bueno, hace días (mejor dicho, semanas) que no puedo dormir. Entonces, ¿qué hacemos con esto? Lo mejor que alguien con falta de sueño, muchos pensamientos y poca lógica puede hacer: Escribir en mi blog, y vamos a llamarlo INSOMNIO.
¿Cómo llegué a no poder dormir?
Bueno, casada a los 30 y divorciada a los 30 después de 6 meses de casada, lejos de la familia que está en Argentina. ¿Yo? y en Holanda, y bueno, para complicarnos la vida un poquito más, porque ¿sí, para qué elegir el camino fácil si siempre podemos complicarnos la vida un poquito más, no?
Hoy trabajé hasta las 21:30 y, aun así, no puedo dormir. ¿Serán los mates que me tomé afuera a las 22:30? Quizás. Mañana voy a probar no tomar mates tan tarde.
Pero, en verdad, sé que mis pensamientos pesan más que la mateína.
Voy a intentar escribir una página por día de este proceso llamado “Divorcio”. De partida les digo que no se los recomiendo; es una pérdida de energía, tiempo, recursos, lágrimas, depresión, destrucción, autoconocimiento, soledad, etc., etc. Si se van a casar, piénsenlo 80.000 veces, y si van a decir "para siempre", que sea para siempre, ¡carajo! Que divorciarse es un viaje y es una de las cosas más estresantes que me han pasado en la vida. Y no, no he tenido una vida fácil. Si se portan bien, quizás les cuento un poquito más de mí.
El domingo juega Argentina en la final, y mientras estaba acostada en la cama y no podía dormir, estaba cantando “La Cuarta Estrella”: soy hincha de la selección, la aliento con el corazón, ganamos la tercera con Lionel, queremos ser campeones otra vez…
Ahora el mundial se siente diferente para mí, ya que por primera vez vivo en la ciudad y estoy rodeada de bares; por ende, me he visto casi todos los partidos. En cada bar hemos hecho amigos yo y mi trío de amigas, que amo con el corazón y me ayudan a remarla en este dulce de leche casero. Estamos intentando ponerle un poco de palabras a este caos, y el otro día se nos ocurrió algo muy divertido: como que la vida es como un partido de fútbol y Dios es como el director técnico y, según lo que vas necesitando, te va mandando gente a la cancha. En mi caso, mi viejo está del otro lado de las nubes guiando el partido, y de repente vio que yo ya no era la misma de siempre, que el brillo de mi energía se estaba apagando.
Hace poco volví a jugar al vóley y, al final del partido, me quedaron las manos llenas de moretones. Una piba me pregunta: "¡Oh, wow! ¿Hace cuánto que no jugás?". Y me paré a pensar, y mi respuesta fue: "Hace 8 años". El tiempo exacto desde que empecé mi relación con mi exmarido. Y sí, a él no le gustan los deportes y yo, la fan del no amor propio, dejé de hacer todo lo que me gusta y me hace feliz para acompañarlo a él en su nivel de energía (ojo, que la culpa es mía... o más o menos, ya que mi psicólogo me dice que si alguien te quiere, te deja ser quien quiera que seas, y no te limita o saca de los lugares en donde sos feliz, por más que no le gusten las mismas cosas; te acompaña en el sentimiento). En fin, Dios o mi viejo vieron que me estaba convirtiendo en una lechuga marchita y dijeron: "Mandémosle un divorcio a la cancha". Y ahí entró este nuevo jugador y me llenó el arco de goles, y acá estamos, intentando ver si recuperamos la pelota o no...
